¿Y si te dijera que existe un lugar en el que los muertos no se encuentran enterrados bajo tierra? ¿Y si te contara que en este lugar existen cadáveres de más de mil años aún con ropa, dientes y cabello intactos?
Para los antiguos egipcios, la muerte era el proceso de separación del cuerpo y el alma, y con el fin de que después de la muerte el alma pudiera regresar al cuerpo era necesario convertir a este en algo divino y purificado.
En México, la muerte, sin importar la religión, significa el paso de alguien a una vida mejor. A diferencia de otros países en donde la muerte es un tema tabú, en México la muerte es algo natural, doloroso, pero natural y durante algunos días se convierte en motivo de fiesta al recibir cada noviembre a nuestros seres queridos con música y comida.
El Estado de Guanajuato cuenta con diversas riquezas, entre ellas de suelo. Es bien conocido que Guanajuato capital esta llena de materiales preciosos en su diversas minas. Celaya cuenta con un suelo rico en minerales también.
Pero, a 12493 kilómetros de distancia ¿en qué se parecen Egipto, Guanajuato capital y Celaya? Las momias.
Pero en México las momias no son como la imagen típica que tenemos en mente de un cuerpo lleno de vendas, en México las momias se crean a través de un proceso natural que convierte el tejido blando del cuerpo humano en una especie de cobertura porosa y rígida. Gracias a este proceso natural, los cuerpos son capaces de conservar casi intactos la ropa, los diente y el cabello. En algunas momias, dependiendo del tiempo que duraron enterradas, la piel adquiere una textura como de quemadura leve.
En Celaya, el museo de momias tiene 23 cuerpos humanos y un cuerpo de cabrita. Y aunque al principio puede ser algo difícil de ver, es una experiencia única que te hace reflexionar sobre nuestro paso por la vida y lo que nos convertimos al morir.
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